El balance en la fotografía es el resultado de la disposición de los elementos visuales dentro del encuadre de manera que exista una distribución equilibrada del peso visual. Este equilibrio puede lograrse a través del uso de formas, luces, sombras, volúmenes, líneas y masas tonales. Se trata de cómo están dispuestos estos elementos, cómo interactúan dentro del campo visual, y cómo se genera una estabilidad perceptible en la imagen. En fotografía, el ojo humano tiende a buscar organización y orden; por lo tanto, cuando una imagen presenta una distribución equitativa, ya sea simétrica o asimétrica, genera una respuesta de equilibrio que es agradable a la vista. El balance de las relaciones formales entre los componentes de la imagen.
En el trabajo de Henri Cartier-Bresson, por ejemplo, se puede observar una estructura visual rigurosamente construida a partir del encuadre y de la geometría de la escena. En su fotografía de Hyères (1932), el ciclista que desciende por una curva ocupa la parte inferior izquierda del encuadre. A la derecha, en la parte superior, se encuentran una baranda que desciende diagonalmente. La curva de las escaleras genera una espiral y los muros verticales y horizontales dividen el plano en formas claras. Aunque los elementos no están distribuidos de forma simétrica, hay un balance logrado por el contrapunto entre la figura móvil en un extremo y las líneas estructurales del otro. Formalmente, el peso visual del ciclista está equilibrado por las diagonales repetidas y por la proporción del espacio ocupado. La luz y la sombra generan zonas de alto contraste que permiten delimitar áreas de tensión visual, y es en esa tensión donde se genera el equilibrio: los ojos del espectador recorren la imagen siguiendo trayectorias que se repiten rítmicamente.

Henri Cartier-Bresson
Ansel Adams, por su parte, trabajó meticulosamente con el sistema de zonas para controlar el contraste tonal en toda la imagen. En sus paisajes de Yosemite, como en “Moonrise, Hernandez, New Mexico”, la composición se estructura a través de bandas horizontales: en la parte inferior, una franja oscura con las cruces blancas del cementerio; en el centro, un terreno gris claro con casas pequeñas; y en la parte superior, un cielo oscuro con una luna blanca brillante. En términos puramente formales, la imagen está dividida en zonas con masas tonales bien diferenciadas. El contraste entre el negro del cielo y el blanco de la luna genera un foco de atracción que se equilibra con las cruces blancas en la base de la imagen. La forma circular de la luna, colocada cerca del margen derecho, se ve equilibrada por la repetición de formas pequeñas y rectangulares en la parte inferior izquierda. El balance aquí se logra no por simetría, sino por compensación de masas visuales: el área más pequeña pero más brillante de la luna se equilibra con un área más extensa y de menor contraste en el plano inferior.

Ansel Adams
En el caso de Eve Arnold, especialmente en sus retratos más sobrios, se puede observar un balance que se basa en la relación entre el protagonista y su entorno. En esta fotografía la composición y el balance son evidentes. La escena, capturada en blanco y negro, revela a una figura en una bañera, vista a través de la abertura de una puerta, la bañera y la persona inmersa, con la cabeza cubierta, son el punto focal central. Por encima, un tendedero con ropa, incluyendo prendas interiores, cuelga en el fondo, añadiendo líneas horizontales y verticales que se intersectan con la curvatura del espejo tras la bañera. A la derecha, en primer plano, se observa parte de una silla con objetos, anclando visualmente el lado derecho y equilibrando el espacio negativo y las sombras que predominan en los bordes. El contraste tonal del blanco y negro, con luces que realzan la figura y el reflejo del espejo, y sombras profundas que definen el espacio, contribuye a una profundidad visual notable. La distribución de elementos en primer plano, plano medio y fondo, junto con las líneas sugeridas por la arquitectura del baño y la ropa tendida, guían la mirada del espectador de manera fluida, resultando en una composición armoniosa y bien equilibrada.

Eve Arnold
Gregory Crewdson trabaja con composiciones de extrema precisión formal. En una imagen típica de su serie Twilight, una figura humana se sitúa en el interior de una habitación, a menudo centrada o levemente descentrada, mientras la iluminación proviene de múltiples fuentes: lámparas internas, luces exteriores que entran por ventanas, reflejos. Formalmente, la imagen está dividida en capas de profundidad. Las líneas de los muebles, las puertas, las ventanas, generan un marco interior que organiza el espacio. La figura humana suele estar iluminada con una intensidad media, lo cual la ubica en un punto intermedio entre los extremos luminosos del encuadre. El balance se logra al distribuir estos puntos de luz y sombra en oposición: una lámpara encendida en la derecha puede equilibrarse con una ventana iluminada en la izquierda; un sofá oscuro puede compensar visualmente una pared clara. Las formas rectangulares predominan, y su disposición lateral permite una división visual casi matemática del espacio. El equilibrio está dado por el control absoluto de las masas tonales y por la proporción de los elementos dentro del marco.

Gregory Crewdson
En la fotografía de Lee Miller, específicamente en sus retratos de estudio o en composiciones arquitectónicas, se puede observar un uso refinado del claroscuro y de las diagonales como mecanismos de balance. La fotografía «Model wearing Digby Morton Suit, London, England, 1941», denota a una mujer elegantemente vestida con un traje de dos piezas y sombrero, guantes y tacones bajos, posicionada centralmente bajo un arco de ladrillo robusto que la enmarca. Detrás de ella, se extiende un paisaje urbano devastado, con edificios en ruinas y escombros, y un letrero apenas legible a la izquierda. La iluminación de alto contraste acentúa las formas y texturas. La composición logra un equilibrio notorio gracias al encuadre natural del arco que dirige la mirada hacia la modelo, su ubicación central que le otorga peso visual, el marcado contraste tonal entre la figura y el fondo devastado que la hace destacar, y la combinación de simetría estructural del arco con la asimetría del escenario de ruinas, creando una imagen con profundidad y un balance dinámico entre orden y caos.

Lee Miller
Un ejemplo contemporáneo del uso del balance desde una perspectiva formal es el trabajo de la fotógrafa Maria Svarbova. En sus imágenes cuidadosamente construidas, se observa un dominio absoluto de las formas, los colores y la disposición espacial. En sus series, como por ejemplo Swimming Pool, los sujetos están ubicados simétricamente dentro de escenarios arquitectónicos minimalistas. Las formas rectangulares de las piscinas, ventanas y paredes actúan como marcos geométricos que dividen el plano en secciones equilibradas. Las figuras humanas, son dispuestas en posiciones equidistantes, creando patrones de repetición o alternancia. El color actúa como un elemento formal de gran peso y la luz suave y sin sombras fuertes se distribuye de forma homogénea en toda la imagen, evitando zonas de alto contraste que puedan romper el equilibrio. El balance en las obras de Svarbova se logra mediante la simetría, la armonía cromática y la proporción espacial exacta entre sujetos y arquitectura.

Maria Svarbova
En términos generales, el balance en la fotografía puede analizarse como una relación entre masas visuales que interactúan en un espacio bidimensional. Estas masas pueden ser áreas de color, zonas de sombra, figuras geométricas o agrupaciones de líneas. Una forma circular blanca puede tener el mismo peso visual que una forma rectangular oscura, si su proporción y su posición lo permiten. El centro visual de una imagen no siempre coincide con el centro geométrico; el ojo humano tiende a favorecer la parte superior y la derecha del encuadre. Por tanto, un elemento colocado en la parte inferior izquierda necesita mayor peso visual (ya sea por tamaño, contraste o forma) para equilibrar uno más ligero colocado en la parte superior derecha. Las diagonales, los triángulos implícitos, las simetrías parciales y los reflejos son estructuras recurrentes que permiten estabilizar la composición. Asimismo, el contraste tonal es un mecanismo eficaz para distribuir la atención y por lo tanto generar equilibrio.
En conclusión, cuando se analiza el balance en fotografía desde un punto de vista estrictamente denotativo, se hace evidente que el equilibrio visual no depende del contenido narrativo ni de la emoción, sino de la relación estructural entre los elementos visibles. El balance es una cuestión de proporción, de ritmo y de contraste. Observar una imagen desde esta perspectiva permite comprender cómo está construida visualmente, independientemente de lo que represente. Es una forma de leer la imagen como una arquitectura de formas y luces, donde cada componente ocupa un lugar específico dentro de una lógica espacial. El fotógrafo que domina el balance formal puede organizar la imagen con precisión, dirigir la mirada del espectador y generar una respuesta perceptiva clara. El balance es, en esencia, una estrategia de organización visual, y su análisis denotativo revela la base estructural de toda gran fotografía.
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