Ernst Haas: El color como lenguaje visual

Ernst Haas nació el 2 de marzo de 1921 en Viena, Austria, en el seno de una familia culta y humanista. Su padre, Karl Haas, era un importante librero y coleccionista de arte, lo que hizo que Ernst creciera rodeado de libros, pinturas y música clásica. Desde joven estuvo expuesto a una sensibilidad estética refinada, influenciado por el arte, la poesía y la filosofía. En lugar de inclinarse hacia la fotografía desde el inicio, Haas tenía aspiraciones de ser pintor o médico. Estudió medicina brevemente en la Universidad de Viena, pero sus estudios se vieron interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial.

Durante la guerra, Ernst Haas vivió momentos difíciles. Austria fue anexada por el régimen nazi en 1938, y muchas libertades fueron coartadas. Haas no fue movilizado como soldado debido a problemas de salud, pero su experiencia durante estos años marcó profundamente su mirada sobre el mundo. En esta época, sin formación formal como fotógrafo, empezó a interesarse por la fotografía como una forma de documentar la realidad y, al mismo tiempo, expresar una visión profundamente personal.

Terminada la guerra, con una Leica prestada, comenzó a fotografiar en las calles de Viena, capturando la difícil cotidianidad de la posguerra. Uno de sus primeros trabajos más significativos fue una serie sobre los prisioneros de guerra austriacos que regresaban del frente ruso. Este reportaje, realizado en 1947 y publicado en la revista Heute, no solo le otorgó gran visibilidad, sino que demostró su talento para capturar momentos cargados de emoción y humanidad con una composición cuidadosamente estética. A partir de ese momento, Ernst Haas decidió que la fotografía sería su camino vital.

La carrera profesional de Ernst Haas es una travesía marcada por la independencia creativa, la exploración continua del lenguaje visual y una profunda fidelidad a su visión poética del mundo. Desde sus primeros pasos en la Viena de posguerra hasta su consagración internacional como pionero de la fotografía en color, Haas construyó una trayectoria que desafió las convenciones del fotoperiodismo y expandió las posibilidades expresivas del medio fotográfico.

Tras el éxito de su serie sobre los prisioneros de guerra austríacos, publicada en la revista Heute en 1947, Haas fue invitado a unirse a la agencia Magnum en 1949. La propuesta llegó de la mano de Robert Capa, quien, impresionado por la carga emocional y el refinamiento formal de sus imágenes, lo consideró una incorporación necesaria para enriquecer el perfil de la agencia. Aunque Ernst Haas aceptó la invitación con entusiasmo, su relación con Magnum fue siempre singular: si bien colaboró activamente con la agencia, también defendió su independencia estética. Desde el comienzo dejó claro que no era un fotógrafo de guerra ni un cronista político. Su interés estaba en captar la vida en sus manifestaciones más simples y profundas: el movimiento, la luz, los estados de ánimo.

A finales de la década de 1940 y principios de los 50, Haas comenzó a viajar intensamente, tanto por Europa como por América. Fue durante esos años cuando inició su transición del blanco y negro al color, utilizando las películas Kodachrome que le permitían captar con fidelidad y riqueza los matices lumínicos y cromáticos del entorno. Mientras muchos fotógrafos aún desconfiaban del color, asociándolo con lo comercial o superficial, Haas veía en él una dimensión diferente. Esta visión lo distinguió y lo convirtió en un pionero.

En 1953, la revista Life (la publicación más influyente de fotografía en ese momento) dedicó un número especial a su serie Impressions of New York. Era la primera vez que la revista otorgaba una edición entera a un portafolio a color de un solo fotógrafo. Esta publicación fue un punto de inflexión no solo en su carrera, sino en la historia de la fotografía. La serie mostraba una Nueva York diferente a la documentada por otros fotógrafos: no era ni heroica ni miserable, sino mágica. Autos en movimiento convertidos en manchas cromáticas, luces de neón reflejadas en charcos, edificios vistos a través de cortinas o cristales empañados: Haas ofrecía una mirada impresionista que desafiaba la lógica del “instante decisivo” que predominaba en el canon documental.

Durante los años 50 y 60, Haas fue uno de los fotógrafos más activos y reconocidos del mundo. Realizó numerosos encargos para revistas como Life, Look, Holiday y Vogue, y viajó a decenas de países: Japón, Birmania, India, Egipto, Brasil, México, Marruecos, España, Italia, Francia, entre otros. Pero, a diferencia de los fotógrafos que buscaban retratar las diferencias culturales, Haas tenía una mirada unificadora: buscaba, más que las particularidades de un lugar, las resonancias universales de la experiencia humana. Así, su trabajo sobre las procesiones religiosas en España o sobre las calles de Bangkok no eran reportajes etnográficos, sino exploraciones visuales sobre la luz, el color, el ritmo, la sensación del tiempo en movimiento.

Una parte menos conocida pero igualmente importante de su carrera fue su trabajo en el mundo del cine. A partir de los años 60, Haas colaboró como fotógrafo en el set de varias películas de Hollywood, pero su obra más emblemática en este campo es su cobertura del rodaje de The Misfits (1961), dirigida por John Huston y protagonizada por Marilyn Monroe, Clark Gable y Montgomery Clift. Haas fotografió no solo las escenas del rodaje, sino también los momentos íntimos detrás de cámaras, capturando la tensión emocional y la fragilidad de los actores. Las imágenes resultantes son profundamente humanas, lejos del glamour artificial del cine comercial. En ellas, Marilyn Monroe aparece cansada, vulnerable, serena; Clark Gable muestra gestos de ternura y soledad. Este trabajo, publicado posteriormente bajo el título On Set, fue reconocido como una de las mejores coberturas fotográficas del cine desde adentro.

En 1962, Haas fue elegido presidente de Magnum Photos. Su nombramiento fue una muestra de respeto y admiración por parte de sus colegas, aunque también puso a prueba su carácter poco institucional. Durante su presidencia, promovió la apertura de la agencia hacia una fotografía más experimental y subjetiva, alejándose del estricto reportaje de denuncia que había caracterizado a la generación de fundadores. Gracias a su influencia, Magnum incorporó nuevos estilos y abrió espacio para la fotografía artística.

Ya en los años 70, Haas redujo sus colaboraciones editoriales para centrarse en proyectos personales. Fue entonces cuando concibió su libro más ambicioso: The Creation (1971), un recorrido visual por los elementos de la naturaleza, inspirado en el texto bíblico del Génesis. Lejos de ser un libro religioso, The Creation es una obra contemplativa, un himno a la armonía del mundo natural. Fotografías de desiertos, nubes, olas, glaciares y volcanes se entrelazan en una secuencia visual que evoca tanto la pintura romántica como la poesía oriental.

A lo largo de su carrera, Haas fue invitado a exponer en importantes museos y galerías, y sus imágenes se incluyeron en muestras emblemáticas como The Family of Man (1955), curada por Edward Steichen en el MoMA, y que celebraba la unidad de la experiencia humana a través de la fotografía. Pero el verdadero reconocimiento institucional a su trabajo llegó en 1971, cuando el propio MoMA organizó una exposición individual dedicada exclusivamente a su obra en color (algo inusual en aquella época). Esta exposición ayudó a consolidar la legitimidad artística del color en la fotografía, campo que hasta entonces era visto como una zona gris entre la publicidad y la moda.

En la década de 1980, ya considerado un maestro, siguió trabajando con intensidad. Impartió talleres, escribió textos reflexivos sobre la fotografía como arte de la percepción, y continuó fotografiando con una mirada cada vez más libre y abstracta. Su interés por las formas, los reflejos y la luz se volvió más depurado, más cercano al lenguaje de la pintura moderna. Al mismo tiempo, fue mentor de nuevas generaciones de fotógrafos, que encontraron en él una alternativa a la narrativa documental clásica.

Ernst Haas falleció inesperadamente el 12 de septiembre de 1986 en Nueva York, a los 65 años. Su muerte dejó un vacío en el mundo de la fotografía, pero su legado no dejó de crecer. Con el paso del tiempo, su figura ha sido revalorizada no solo como un innovador técnico del color, sino como un poeta visual que transformó la fotografía en una experiencia emocional, sensorial y filosófica.

La obra de Ernst Haas es una de las más singulares y revolucionarias del siglo XX, por la profunda transformación que propuso dentro del lenguaje fotográfico. Haas no fue un cronista de grandes guerras, ni un activista de la denuncia social. Su obra se centró en lo invisible: en lo que pasa entre un momento y otro, en el silencio, en el flujo.

Una de las características más notorias en su evolución fue el tránsito del blanco y negro al color, y el modo en que este cambio lo llevó a desarrollar una estética completamente diferente. Mientras que muchos de sus contemporáneos (incluyendo compañeros de Magnum como Henri Cartier-Bresson) se aferraban al blanco y negro como símbolo de seriedad y de “pureza” fotográfica, Haas abrazó el color como una oportunidad para romper con los límites del realismo documental. En lugar de utilizar el color como un mero adorno, lo convirtió en una herramienta expresiva.

Sus fotografías más conocidas a color (autos en movimiento por Nueva York, luces reflejadas en charcos, multitudes desdibujadas en un flujo casi pictórico) no buscan solo informar sobre un lugar o un momento. Se enfocan en capturar atmósferas, emociones fugaces, armonías visuales que existen por un instante y luego desaparecen. En vez de construir narrativas lineales, Haas crea composiciones abstractas, muchas veces sin un sujeto claro, donde lo esencial es la relación entre luz, forma, textura y color.

Un recurso recurrente en su obra es el movimiento. A diferencia de la tradición fotográfica que asocia nitidez con verdad y objetividad, Haas desafía esa convención. La imagen borrosa en su trabajo no significa error, sino libertad: libertad para representar el movimiento, para mostrar cómo se ve el mundo cuando lo percibimos con emoción y no con precisión. En su célebre serie Motion, experimenta con velocidades lentas, barridos y sobreexposición, logrando imágenes que parecen pinturas abstractas. Como él mismo escribió: “El verdadero viaje visual no es aquel que congela el mundo, sino el que lo deja vibrar”.

En series como Impressions of New York (1953) (publicada en Life), Haas transforma la ciudad más fotografiada del mundo en un lugar onírico, hecho de neones, humo, lluvia y destellos. En lugar de la Nueva York dura, llena de líneas rectas y multitudes apresuradas, Haas muestra una ciudad viva. Estas imágenes marcaron una ruptura con el paradigma dominante del fotoperiodismo de mediados del siglo XX, y anticiparon muchas de las búsquedas visuales que luego emprenderían fotógrafos como Saul Leiter, Joel Meyerowitz o William Eggleston.

Un punto clave para entender su obra es su relación con el tiempo. A diferencia del enfoque clásico que concibe la fotografía como una herramienta para “detener” el instante decisivo (como lo planteaba Cartier-Bresson), Haas ve la fotografía como un modo de revelar el flujo del tiempo. En este sentido, se conecta más con el cine, y más aún con las nociones filosóficas del tiempo como duración, cambio constante, devenir. Por eso su interés por el movimiento, por los gestos inacabados, por las imágenes que no están fijas, sino que parecen avanzar.

Su manera de ver el mundo fue profundamente lírica, pero también universal. Nunca quiso imponer una visión, sino compartir una forma de mirar más lenta, más abierta. En una entrevista, dijo: “No busco captar lo que veo. Busco captar lo que siento al ver”. Esa afirmación condensa la esencia de su fotografía: una búsqueda sensorial, emocional, silenciosa. Un arte que no grita, pero que deja una huella profunda.

El legado de Ernst Haas no se mide solo en su obra fotográfica, sino en la influencia que ha tenido sobre generaciones de artistas visuales. Su apuesta por el color como medio legítimo abrió el camino para muchos fotógrafos contemporáneos. Hoy, cuando el color es el lenguaje dominante en la fotografía, cuesta recordar cuán radical fue su opción en los años 50.

Además, Haas supo conjugar sensibilidad estética con rigor técnico. A pesar de su lenguaje intuitivo, sus imágenes revelan una comprensión precisa de la luz, la composición y el manejo del equipo fotográfico. Fue un maestro de la Leica, pero también trabajó con cámaras réflex, y experimentó con múltiples películas a color, como Kodachrome, que le permitían alcanzar tonos vibrantes y contrastes suaves.

Finalmente, su visión ética del mundo se manifiesta en la manera en que abordaba a sus sujetos. Nunca fue invasivo, nunca explotó el sufrimiento ni buscó el dramatismo fácil. Su mirada era empática, incluso cuando fotografiaba desde la distancia. Haas entendía que la fotografía debía ser un acto de respeto, una forma de honrar la vida.

En 1962 fue nombrado presidente de Magnum Photos, lo cual ratifica su peso dentro de una de las agencias más influyentes de la historia de la fotografía. Su liderazgo ayudó a que Magnum ampliará su alcance a nuevas formas de narrativa visual y a la experimentación con el color.En 1971, el MoMA de Nueva York organizó una exposición individual dedicada exclusivamente a su trabajo en color, titulada Ernst Haas: Color Photography. Fue una de las primeras exposiciones de fotografía a color en una institución de ese nivel, marcando un hito en la aceptación del color como medio artístico legítimo.

En 1986, poco antes de su muerte, recibió el premio Hasselblad, uno de los más prestigiosos del mundo fotográfico, en reconocimiento a su contribución innovadora a la fotografía. También recibió homenajes póstumos, como la gran retrospectiva organizada por el International Center of Photography (ICP) de Nueva York en 1989.

Libros publicados

La obra de Haas ha sido compilada en diversos libros, muchos de ellos fundamentales para entender la evolución de la fotografía del siglo XX. Entre los más importantes se destacan:

  • The Creation (1971): su libro más famoso, una celebración visual del mundo natural, inspirada en el texto bíblico del Génesis. Con imágenes de volcanes, nubes, mares y bosques, es un manifiesto visual que une fotografía, poesía y espiritualidad.
  • In America (1975): una crónica visual del paisaje y la vida urbana estadounidense, desde Nueva York hasta el suroeste, capturando la esencia del país con un enfoque lírico.
  • Ernst Haas: Color Correction (2011): publicado póstumamente por Steidl y comisariado por William A. Ewing, este libro reveló una nueva selección de su trabajo a color, con imágenes que nunca habían sido publicadas antes. Supuso una revisión crítica que lo reafirmó como pionero en la fotografía moderna.
  • Ernst Haas: New York in Color, 1952–1962 (2020): una exploración íntima de su década neoyorquina, donde perfeccionó su lenguaje visual. Este libro muestra a un Haas en plena libertad expresiva, retratando taxis, semáforos, ventanas, multitudes, todo bañado por el cromatismo de su sensibilidad.
  • Ernst Haas: On Set (2015): reúne sus imágenes tomadas en filmaciones de Hollywood, especialmente de The Misfits, mostrando su talento para capturar el ambiente íntimo del cine.

Bibliografía recomendada

  • William A. Ewing, Ernst Haas: Color Correction, Steidl, 2011.
  • Phillip Prodger, Ernst Haas: New York in Color 1952–1962, Prestel, 2020.
  • Alex Haas (editor), Ernst Haas: On Set, Steidl, 2015.
  • John Rohrbach, Color: American Photography Transformed, University of Texas Press, 2013.
  • Gilles Mora, The Last Photographic Heroes: American Photographers of the Sixties and Seventies, Abrams, 2007.
  • Edward Steichen, The Family of Man, MoMA, 1955 (incluye fotografías de Haas).

También se recomienda visitar el sitio oficial de la Ernst Haas Estate: www.ernst-haas.com donde se encuentra información curada por su familia y archivos.


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