Mario Testino nació el 30 de octubre de 1954 en Lima, Perú, en una familia de clase media alta con profundas raíces católicas. Sus ascendencias italiana, española y croata contribuyeron a forjar una identidad cosmopolita que más tarde se reflejaría en su sensibilidad visual. Desde niño, Mario fue consciente de las diferencias sociales y culturales que atravesaban el Perú, un país marcado por contrastes entre lo indígena y lo europeo, lo popular y lo elitista. Este entorno dual, aunque rígido en lo social, alimentó su imaginación y su deseo de explorar mundos más abiertos.
Durante su juventud, Testino no tuvo acceso directo al arte ni a la fotografía como formación profesional. En su casa no se hablaba de carreras artísticas, y como muchos jóvenes de su clase social, se esperaba que siguiera una carrera «seria». Comenzó sus estudios universitarios en Economía en la Universidad del Pacífico de Lima, pero pronto sintió que esa no era su vocación. Consciente de que necesitaba un cambio de rumbo, en 1976 tomó la decisión de viajar a Londres, una ciudad que lo atraía por su vida cultural vibrante y su libertad creativa.

Al llegar a Londres, sin contactos y con escasos recursos, vivió durante un tiempo en condiciones modestas. Se matriculó en el London College of Printing, donde estudió fotografía mientras trabajaba como asistente de otros fotógrafos. Su primer portafolio lo desarrollo con sesiones hechas a amigos y modelos emergentes, muchas veces tomando imágenes en hoteles y en exteriores aprovechando la luz natural.
Los años setenta y principios de los ochenta fueron una etapa de formación clave para Testino. Fue testigo de la escena punk y del auge de la cultura alternativa londinense. Si bien su estilo posterior se aleja del carácter transgresor del punk, esa efervescencia creativa le enseñó a desafiar convenciones, a romper con la rigidez académica y a desarrollar una mirada propia: una mezcla de sofisticación europea, sensibilidad latina y audacia moderna.

Durante esta época, Testino también empezó a comprender la importancia de la moda no solo como industria, sino como lenguaje visual, él entendió que podía usar el lenguaje estético del lujo como una herramienta narrativa. Esto lo llevó a interesarse profundamente por la figura humana, por el gesto y por la pose como expresiones de identidad y deseo.
Sus primeros trabajos comenzaron a aparecer en revistas independientes como Blitz o The Face, donde desarrolló una estética fresca, juvenil y glamorosa que empezaba a llamar la atención de los editores de moda. Gracias a su tenacidad, carisma y capacidad para construir relaciones personales, fue abriéndose camino poco a poco en el cerrado mundo editorial. Su gran oportunidad llegó cuando fue invitado a colaborar con Vogue, y desde entonces, su ascenso fue meteórico.

Así, de un joven limeño que partió sin rumbo claro hacia Europa, Mario Testino se convirtió en uno de los fotógrafos más influyentes del mundo. Su historia es también la de una transformación personal y artística, guiada por el deseo de belleza, de reconocimiento y de conexión cultural entre mundos distintos.
La obra de Testino debe entenderse también dentro del contexto cultural del final del siglo XX y comienzos del XXI. Emergió como una figura clave en la década de 1990, en un momento en que la moda y la cultura pop vivían una simbiosis sin precedentes. Era la era de las supermodelos, del culto a la celebridad, y de la consolidación de la industria del lujo como un lenguaje global.

En términos políticos, su ascendencia latinoamericana y su formación europea lo posicionan en un cruce interesante entre culturas. Testino nunca ha ocultado su herencia peruana, y en años recientes ha realizado importantes esfuerzos para promover el arte y la cultura andina a través de la fundación cultural MATE en Lima, un museo que él mismo creó en 2012 para preservar y exhibir tanto su trabajo como el arte contemporáneo peruano.
La carrera profesional de Mario Testino es una de las más destacadas en la historia de la fotografía de moda. Desde sus humildes comienzos como asistente en Londres hasta convertirse en uno de los retratistas más influyentes de la realeza, las celebridades y las casas de moda más prestigiosas del mundo, Testino ha construido un legado visual sin precedentes.
Durante los años 80, Testino fue puliendo su técnica en revistas británicas independientes como Blitz, i-D y The Face, que eran parte de la contracultura juvenil londinense. Su enfoque se alejaba de la frialdad editorial tradicional: mostraba cuerpos vivos, energía sexual, gestos despreocupados y una composición que resaltaba lo humano por encima de lo accesorio. Esta mezcla de elegancia con desenfado empezó a atraer la atención de editores de moda más establecidos.

Su gran salto lo dio en la década de 1990, cuando empezó a colaborar con la edición británica de Vogue bajo la dirección de Liz Tilberis y luego con Vogue US, donde Anna Wintour reconoció su talento e instintivamente lo convirtió en uno de los pilares visuales de la revista. Estas colaboraciones marcaron el inicio de una era en la que Testino se convirtió en sinónimo de lujo y modernidad.
Uno de los momentos definitorios de su carrera llegó en 1997, cuando fue seleccionado para fotografiar a la Princesa Diana para Vanity Fair. La sesión, realizada solo meses antes de su trágica muerte, capturó una imagen de Diana relajada, luminosa y más humana que nunca. Lejos del protocolo rígido que normalmente rodeaba a la realeza, Testino supo retratar su vulnerabilidad y fuerza al mismo tiempo. Las imágenes, que mostraban a la princesa con vestidos minimalistas en una actitud cercana y natural, se volvieron inmediatamente icónicas.

Este trabajo no solo consolidó a Testino como el fotógrafo de las celebridades por excelencia, sino que también le abrió las puertas al círculo más cerrado de la realeza británica. Años más tarde, sería el encargado de retratar al Príncipe William y Kate Middleton para sus fotografías oficiales de compromiso, y posteriormente también trabajó con el Príncipe Harry y Meghan Markle.
En los años 90 y 2000, Testino forjó relaciones cercanas con algunas de las modelos más influyentes de su tiempo, como Kate Moss, Gisele Bündchen, Naomi Campbell, Cara Delevingne, entre otras. Kate Moss en particular se convirtió en una de sus musas recurrentes, y la química artística entre ambos se tradujo en editoriales memorables. Con Gisele Bündchen, Testino ayudó a construir la imagen de la “supermodelo brasileña” moderna, sensual y poderosa.
En cuanto a las marcas de moda, su lista de clientes es una verdadera constelación de lujo: Gucci, Versace, Burberry, Chanel, Dior, Dolce & Gabbana, Valentino, Estée Lauder, entre muchas otras. Uno de los momentos más importantes de su carrera fue su colaboración con Tom Ford y Carine Roitfeld en la revitalización de Gucci en los años 90. Las imágenes provocativas y estilizadas de Testino fueron fundamentales para reposicionar la marca como un símbolo de sexualidad refinada y contemporánea.

Con el paso del tiempo, su estilo fue evolucionando: del desenfado juvenil pasó a una sofisticación pulida, con composiciones más clásicas pero cargadas de tensión erótica y narrativa. A diferencia de fotógrafos conceptuales o minimalistas, Testino apostó por el exceso controlado: el brillo, la piel, la mirada intensa, el lujo como actitud. Su estética glamorosa se convirtió en una firma reconocible que influyó a toda una generación de fotógrafos de moda.
A partir de los años 2000, su nombre se volvió sinónimo de «fotografía de lujo». Sus obras comenzaron a exhibirse en museos y galerías de arte, entre ellos el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, Malba en Buenos Aires, y MATE – Museo Mario Testino en Lima, fundado por él en 2012 con el objetivo de promover el arte y la cultura peruana contemporánea.
Sus exposiciones han incluido títulos como Portraits, In Your Face y Alta Moda, esta última centrada en el vestuario tradicional de las comunidades andinas del Perú, lo que reveló una faceta más introspectiva y cultural de su obra.

Si hay un hilo conductor en la obra de Testino, es la seducción. Pero no una seducción vulgar ni explícita, sino una que se construye desde la mirada, el gesto, la actitud. Sus imágenes están impregnadas de deseo: deseo por la ropa, por la juventud, por la carne, por el estatus. Sin embargo, este deseo es siempre estilizado, bajo control, teatralizado con una precisión casi cinematográfica.
En lugar de presentar escenas espontáneas o cotidianas, Testino crea mundos donde los sujetos interpretan una versión idealizada de sí mismos. La cámara actúa como un espejo en el que ellos se redescubren: poderosos, bellos, deseables. Así, sus retratos no revelan “la verdad” del personaje, sino su versión más seductora, más icónica.
El lujo en Testino es más que ropa o escenografía: es una atmósfera. Puede aparecer en un abrigo de piel o en una toalla blanca, en un palacio veneciano o en una playa brasileña. La clave está en cómo los cuerpos se relacionan con su entorno: relajados, confiados, sensuales.

Este tratamiento ha sido interpretado por algunos críticos como una visión hedonista o superficial de la cultura visual, pero también puede leerse como un ejercicio de afirmación estética: Testino crea imágenes que celebran lo mejor que la fotografía de moda puede ofrecer, fantasía, belleza y aspiración sin renunciar a la técnica ni al estilo.
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Testino es la forma en que logra equilibrar la espontaneidad con la puesta en escena. Aunque muchas de sus fotografías parecen capturar momentos efímeros y gestos despreocupados, detrás hay una arquitectura visual muy rigurosa.
Este control responde a una lógica propia del sistema editorial de moda, pero también al dominio técnico que Testino ha perfeccionado con el tiempo. Él sabe cómo crear confianza en sus modelos, cómo hacerlos sentir cómodos para que se expongan con autenticidad. Esa capacidad de conexión es una de sus mayores virtudes.

Los retratos de Testino no solo documentan rostros conocidos, sino que reflejan la manera en que la sociedad percibe el poder, el éxito y la belleza. Sus imágenes de figuras como Madonna, Lady Gaga, Brad Pitt, Gisele Bündchen o Kate Moss no son solo colaboraciones visuales, sino construcciones simbólicas. Son íconos de época.
De manera especial, sus retratos de la realeza británica han renovado la forma en que percibimos a estos personajes. Desde la intimidad relajada de la Princesa Diana hasta el aire juvenil del Príncipe William y Kate Middleton, Testino reescribe la iconografía tradicional del poder con un lenguaje visual más cercano y contemporáneo.
En los últimos años, Testino ha mostrado una preocupación más explícita por sus raíces peruanas. Esto se ve claramente en su proyecto Alta Moda (2013), en el que retrata a pobladores de Cusco vistiendo trajes tradicionales andinos. A diferencia de sus imágenes de moda, aquí adopta un enfoque más sobrio, inspirado en los retratos coloniales, como los de la escuela cusqueña de pintura.
Este proyecto representa un viraje significativo: por un lado, es una afirmación de orgullo cultural; por otro, una relectura de su identidad. Testino reconoce la riqueza visual de su país y la posiciona dentro del circuito global del arte, rompiendo con la idea de que el lujo solo puede ser occidental o eurocéntrico.

Mario Testino no es un fotógrafo conceptual ni documental. Su obra no busca denunciar ni incomodar, sino construir belleza, explorar el deseo, capturar el aura del poder y la celebridad. Testino también ha explorado la vulnerabilidad, la identidad, la memoria cultural. Su obra más personal dialoga con el pasado andino, con su historia familiar, con su tránsito entre lo latinoamericano y lo global. Así, en la intersección entre lo comercial y lo artístico, su legado se consolida como uno de los más importantes de la fotografía contemporánea.
Libros recomendados de Mario Testino
Mario Testino: Portraits
Editorial: National Portrait Gallery, Londres
Acompañó su famosa exposición en la National Portrait Gallery de Londres. Reúne retratos icónicos de celebridades, modelos y figuras de la realeza como Diana, Kate Moss y Madonna
Mario Testino: Private View
Editorial: TASCHEN
Un recorrido completo por sus imágenes más célebres, desde editoriales de moda hasta campañas comerciales. Incluye introducciones por Anna Wintour, Karl Lagerfeld y otras figuras clave del mundo de la moda.
Mario Testino: In Your Face
Editorial: TASCHEN
Una antología atrevida, provocadora y vibrante. Contiene sus imágenes más audaces, sensuales y experimentales. Fue el catálogo de su exposición en el Museum of Fine Arts de Boston.
Mario de Janeiro Testino
Editorial: TASCHEN
Un tributo fotográfico a la ciudad de Río de Janeiro, capturando su vitalidad, sensualidad y cultura visual. Fusiona el estilo Testino con la energía brasileña.
Kate Moss by Mario Testino
Editorial: TASCHEN
Un homenaje a su musa más constante, Kate Moss. Este libro explora su evolución como ícono de moda a través del lente de Testino.






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